A veces pienso que en la vida hay etapas perfectamente definidas, con un comienzo y con un final muy similares. Hoy he tenido esa sensación al acudir a las jornadas de formación de representantes del Consejo de Estudiantes de la UAH, que ni la nieve ni el hielo han podido impedir mi asistencia.
Fue en unas jornadas similares y en el mismo sitio, hace ya 10 años, en los que comencé mi formación como representante estudiantil. Recuerdo que allí coincidí con mucha gente, no estábamos solos en nuestra idea de hacer una universidad mejor. Todo era ilusión, también ganas de divertirnos, pero teníamos la convicción de estar trabajando para un beneficio común. Poco importaban la precariedad de las instalaciones, y el frío imperante, lo importante eran nuestras ganas de hacer bien las cosas.
Hoy he subido la misma rampa que lleva a la entrada del edificio, tan fría y resbaladiza como entonces. Me han presentado ante el grupo aproximado de 60 estudiantes, que en el brillo de sus ojos me mostraban la misma ilusión que otros tuvimos en su momento. Me he sentido como quien transmite un saber único, que no está escrito en los libros ni en los manuales al uso, ya que entre las cuestiones básicas de funcionamiento me preguntaban sobre mi experiencia personal. Vivencias que con el tiempo se irán borrando, pero que incluso hoy siguen encendiendo la ilusión y el brillo en mis ojos. A pesar de las decepciones, del trabajo poco agradecido, de los conflictos absurdos, de la bajada en le rendimiento académico, creo que mereció la pena por las mil vivencias experimentadas, únicas e irrepetibles muchas de ellas.
He participado en muchas de estas jornadas para estudiantes de muchos lugares de España. Está bien que para terminar, lo haga en mi casa, con los míos, donde empezó todo.
Siempre me he considerado una persona optimista, pero ciertos acontecimientos son mucho más difíciles de deshacer y arreglar que el subir a un albergue de montaña en plena nevada y sin las cadenas adecuadas para el coche. Aun así, nunca me arrepentiré del fin, aunque sí de los medios y formas empleados. Siempre quedarán montañas, siempre nevará y siempre estaré dispuesto a subir incluso sin cadenas.
Llevo ya unos días observando la cobertura informativa que están dando algunos medios a los “antibolonia”. Hasta ahí todo normal: es muy visual la imagen de jóvenes protestando detrás de pancartas, organizando encierros y otros actos.
Pero hoy me he llevado una gran sorpresa cuando he leido que los rectores afectados por las revueltas piden ayuda al Gobierno (El País, pg 34). ¿Cómo es posible que los rectores no se percatasen con anterioridad del rechazo que suscitaba?. En mi opinión, los rectores (siempre con honrosas excepciones) son en gran parte responsables de estas contestaciones a la implantación del Espacio Europeo de Educación Superio (en adelante EEES). ¿Y porqué digo esto? Hay ejemplos evidentes: que el rector de la Complutense apoye el manifiesto de su claustro contra el EEES, y trate de ”nadar y guardar la ropa” en sus artículos de opinión sobre el tema, favorece que haya gente que, ante la apatía generalizada de algunos rectores y me atrevo a decir la complicidad, se sienta respaldada a realizar este tipo de protestas.
Porque los Rectores son los primeros que alegan a la autonomía universitaria, pero para hacer lo que quieran. En el momento en que hay algún problema, se olvidan de dicha autonomía y, como un alumno aplicado en su dictado, esperan las directrices de instancias educativas superiores para justificar su inoperancia y dejadez .
El EEES es lo mejor que le puede pasar a la universidad española y a los estudiantes. Sólo falta que haya gente que se lo crea, y que quienes tienen de verdad la responsabilidad de aplicar y materializar sus principios (aplicando así su autonomía tantas veces declarada) den un paso al frente para hacerlo, demandado los recursos precisos para ello.
Y lo demás, es hacerse trampas al solitario. Algo muy típico del mundo universitario español.
Recuerdo cuando era un crio que creíamos en la infalibilidad del profesor que nos daba clase. Era una especie de Dios, un ser todo lo sabía y que era capaz de encumbrarnos con un magnífico sobresaliente o de hundirnos en la miseria con el más rotundo de los suspensos. Sólo en los cursos más avanzados del instituto se empezaba a cuestionar la capacidad del profesor, que generalmente coincidía con aquel cuya asignatiras suspendíamos.
Ahora me encuentro en el otro lado. Percibo que mis alumnos tienen esa misma impresión. Por ejemplo, hoy he tenido un mal día y creo que mi situación personal ha afectado a la calidad de la clase de Geografía. Pero nadie me ha dicho nada, nadie me ha replicado, incluso cuando lo he requerido. Pero muchas veces sabemos que estamos fallando, que no hemos preparado la clase como es debido, que podíamos haberlo hecho mucho mejor. Por eso debemos mostrar a nuestros alumnos que los profesores también somos personas, que tenemos días buenos y malos, y ser consciente de que, en un momento malo, podemos infravalorar el esfuerzo de nuestros estudiantes e inducirles a pasar olímpicamente de nuestra asignatura.
Es lo que tiene trabajar con personas, debemos ser conscientes de nuestras limitaciones y estados de ánimo. El próximo día, repetiré la clase y lo haré con mayor entusiasmo y dedicación. Se lo merecen.
La Universidad vuelve a estar en el foco de la noticia. Y, dado que hoy día la generalidad es ser noticia por el conflicto, la Universidad no podía ser diferente.
Llevamos viendo durante mucho tiempo que España estaba trabajando para incorporarse de pleno al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Pero realmente poco se ha avanzado en la materia salvo por cuestiones legislativas. Tenemos tendencia a creer que la realidad se modifica inmediatamente después de publicarse una Ley en el BOE. Y no es así. La Universidad Española arrastra problemas que van más allá de la normativa. Problemas de financiación ( o mejor aun, de distribución de los recursos internos que nos colocan como los países con un peor sistema de becas de la OCDE), de coordinación, de aplicación de cambios metodológicos, de consideración de su labor respecto a la sociedad….es decir, de plantearse qué hacer en una sociedad que ha cambiado tanto.
Un amigo mio siempre ha dicho que la respuesta no la podemos esperar de dentro del sistema. Los sistemas tienen a reproducirse, a autojustificarse, a no querer cambiar ni adaptase salvo extrema necesidad, a culpar a todo lo que le rodea (vease sociedad, financiación o calidad del estudiantado). El cambio debe producirse desde fuera.
Y por eso las administraciones deben mostrarse conciliadoras con la Universidad para colaborar en una línea de futuro beneficiosa para todos que nos permita acercarnos a los ideales del Espacio Europeo de Educación Superior. Mejoras en la metodologías docentes, en el incremento de la calidad del sistema, en la comparabilidad de los títulos que fomenten la movilidad, y en la consecución de la dimensión social universitaria son objetivos que debemos exigir a la universidad. Y exigir no significa imponer, pero sí favorecer la consecución de dichos objetivos.
¿Y los estudiantes, podemos decir algo al respecto?. Los estudiantes llevan mucho tiempo diciendo cosas, algunas en contra de la reforma (y cusiosamente son las voces más solicitadas desde los medios) y otros a favor (de forma más soterrada, trabajando en reuniones y despachos, pero perdiendo el protagonismo mediático). Pero lo que está claro es que la última voz la tiene quien financia el sistema, el mundo político que a fin de cuentas es el que nos representa a todos. Y creo que los políticos no están por la labor de meterse en semejante “jardín”. Así nos va y así nos irá.
La ventaja de trabajar con niños y jóvenes es que siempre nos sorprenden. Sin ir más lejos, el otro día cuando pedí propuestas de lecturas en un curso de 2º de ESO (14 años), un alumno me propuso esta obra de Ray Bradbury. Un libro que leí en la facultad, pero con las prisas propias de los exámenes. Así que ahora, para preparar las preguntas del libro, me ha tocado volver a leerlo y disfrutarlo.
Una utopía que nos puede ayudar a mirarnos al espejo: reconocer muchas de las situaciones sociales que vivimos hoy día, pero también identificarnos en algunas situaciones que viven el matrimonio Montag y Mildred. Creer estar acompañado y ser feliz se presenta como algo perfectamente compatible con la más absoluta de las soledades y el sentirse fuera de lugar. Un autodescubrimiento acompañado de dolor, pero también de esperanza. Porque hay sueños que siempre merecen ser perseguidos, cuesten lo que cuesten, aunque caigamos en el intento o aunque nos demos cuenta tarde de nuestros errores para hacerlos realidad.
Creo que las personas somos así. Estamos rodeados de mil cosas, de mil personas, de mil momentos, de mil pensamientos…..y al final damos por hecho que todo está ahí, que siempre estará, que ya le prestaremos más atención en otro momento.
Pero no es así. Sólo cuando no tenemos la posibilidad de aproximarnos, de hablar, de tocar, es cuando realmente valoramos las cosas y los momentos. ¡¡¡ Qué terrible paradoja, necesitar perder para valorar ¡¡¡ Pero así ocurre.
Te echaré de menos; tus trastadas, nuestros ratos de jugar con los animales de plástico, tu lengua de trapo, tu afán por enseñarme el libro de los animales de la granja y de que imitemos su “lenguaje”, cómo correteas con tus primas perseguidos por mí, tus baños antes de dormir y marchar a casa.
¿Cómo un ser tan pequeño puede dejarnos un vacío tan grande? Disfruta de tu abuela María y Carlos, de tu familia brasileña, de poder al menos ver parte de tu origen. Será todo nuevo. Buen viaje.
Acabas de marchar, pero nosotros ya estamos deseando que vuelvas.
Pues nada, que lo prometido es deuda. Ya comenté hace tiempo que, el día que iniciase mi andadura en la docencia, querría crear un blog para compartir las mil experiencias que me fuese encontrando. Pero el objetivo no ha quedado ahí. Compartir mis experiencias, preocupaciones y sensaciones en temas también de caracter político, o en lo personal, serán también tema de este blog que acabo de crear.
Aprovecho para agradecer a quienes me habéis animado desde siempre a crear este espacio. Confío en no defraudaros, aunque soy consciente que una cosa es iniciar un blog y otra mantenerlo vivo. Merece la pena intentarlo.