Continuando con un pasado post, comentaré el resto de mi semana en el norte. La verdad es que de ella he visto ya las zonas y cosas más típicas, pero no por eso deja de gustarme. Esta vez el viaje lo plantee por el interior a algunas zonas que tenía pendientes de ver y otras que descubrimos por nuestra cuenta.
Lo bueno que tienen sus pueblos es que todos tienen algo bonito que ver, y lo malo es que suele ser muy poquito, por lo que creo que es imprescindible un vehiculo propio para plantear rutas. Y otra cosa, lo del lema “Cantabria Infinita” pues puede dar la sensación de que es verdad, porque los mapas que proporcionan referentes a ciertas zonas menos turísticas muestran carreteras que no existen, desvios a pueblos que no aparecen, etc….vamos, que sí que da la impresión de que es infinita cuando pasas 3 veces por el mismo sitio buscando la carretera y te metes ya en Palencia.
Dado que el museo arqueológico regional lo tienen en obras, plantee hacer un recorrido histórico-artístico por la zona, y me llevé algunas gratas sorpresas. En lo relacionado con la Prehistoria, tuvimos la suerte de poder acceder a una cueva en la que nosotros éramos los únicos visitantes junto al guía. Poder mantener conversaciones con gente que sabe del tema, y en un escenario tan singular como una cueva en la que te muestran grabados y pinturas que sin su ayuda dificilmente veríamos a simple vista, fue una experiencia única.
Pasando ya al Neolítico calcolítico, se pueden visitar las grandes runas cántabras que hacen las delicias de los incipientes nacionalistas de la región (y con los que tantas risas me pasé junto al presi del CEUC…jajajaja) cerca de un pueblecito llamado Barros. Al tratarse de pueblos poco urbanizados, los restos que han le
gado los prerromanos habitantes de la zona son muy escasos. Si se busca algo más elaborado, se puede visitar las cercanías de Argüeso, pero teniendo claro que allí han creado más un parque temático (puede que interesante para niños y familias por las actividades que proponían) en las que se tratan de mostrar algunas supuestas costumbres de los antiguos cántabros. Vamos, que muchas cosas son tan inventadas y fantásticas como los licaones de Cabárceno.
Juliobriga es la zona que muestra el pasado romano de la zona. Se trata de un antiguo campamento militar que sirvió como foco de romanización del lugar. Es cierto que me llevé cierto chasco al ver lo poco avanzado que estaba su excavación, pero sí que me encantó la originalidad de la iglesia (la escalera exterior es curiosísima) que habían levantado sobre el mismo foro romano con restos de la antigua ciudad.
La visita a alguna capilla mozárabe también fue obligada, ya que estaba relativamente cerca de la casa rural y lo poco que conocía de este tipo de arquitectura en esta zona tan septentrional de la Península.
Especialmente interesantes fueron las iglesias excavadas que reflejaban los terrores por la proximidad del fin del primer mileno (y excepcional su centro de interpretación, de lo mejorcito que he podido visitar aunque mi acompañante se asustase un poco jajajajaja). Sobre el románico te puedes hartar de ver iglesias. Hay que tener en cuenta que el Camino de Santiago atraviesa la zona, y las influencias del románico de otras regiones se aprecia claramente en los motivos decorativos. Por otro lado, de estilo gótico no había encontramos demasiadas muestras, quizá la decoración de la antigua torre de Iruz se pueda encuadrar en dicho estilo, pero no es muy representativo.
Otra maravilla fue la visita a un pueblecito de origen medieval que se construyó en las puertas de una cueva y por mitad del cual atraviesa un riachuelo, que termina en una pequeña cascada. Sin ningún alarde arquitectónico puedo decir que es el pueblo más bonito que he visitado nunca, y que no hay palabras para expresar la sensación que se vive en él.
De finales de la edad media, y claro ejemplo de las guerras nobiliarias que tuvieron lugar en la Península en el SXIV, es la fortaleza-castillo de Argüeso. Aunque no se trata de un verdadero castillo (los pocos de la región como los de Laredo, San Vicente y el desaparecido de Santader están orientados al mar) su reconstrucción es muy digna de ver, y muestra la importancia del control de los pasos ganaderos en esa época convulsa. Fruto de este periodo también son los numerosos torreones y fortificaciones que proliferan en la zona, muestra de los conflictos entre pequeños nobles.
Del renacimiento no visitamos muestras especialmente representativas (algún palacio, y algunas iglesias, quizá destacaba el conjunto monumental de Alceda y Las Caldas) pero sí me llamó especialmente la atención el magnífico palacio de Soñanes (reconvertido en espacio hostelero) con sus dos barrocas y simétricas portadas. Creo que se trata de la mejor muestra del barroco en la zona. Las columnas estriadas, las balaustradas y su simetría recuerdan a estilos italianos. Además tiene un magnífico árbol al lado que realza la belleza del entorno además de evocar ciertos recuerdos.
Pero si de verdad me llevé una sorpresa, fue con la muestra de arte neoclásico que encontré. No me cabe la menor duda de que está influida por la iglesia de la Magdalena de París. Se trata de una iglesia con 14 columnas a los lados con un doble juego de columnas al frente, que recrea los templos clásicos del Mediterráneo. Es una pena que no le den tanta importancia a una edificación tan singular, y que pase tan desapercibido en las guías.
De arte contemporáneo, la visita a la exposición de pintoras del castillo de Argüeso y la visita al Museo Pobre (magníficas algunas de sus obras, una pena que no vendiese alguna de ellas) incluyendo la larga conversación con su amable dueño fueron los hitos de esta etapa.
Pero no todo fue arquitectura. El viaje por el maravilloso valle del Pas (bonitos miradores y tb pude comprobar de primera mano la fama de toscos de sus habitantes que leí en un libro, y comprar una auténtica quesada pasiega) y el nacimiento del río Ebro en Fontibre (su merendero estuvo sensacional) fueron objeto de mi curiosidad. También debe ser costumbre que cuando se visitan los valles y espacios naturales se crucen animales por la carretera (esta vez fueron unas vacas las que avanzaban por la carretera ante mi atónita mirada y la de un par de preciosos burritos que pastaban al lado), por lo que recomiendo especial cuidado y sobre todo…una cámara para inmortalizar el momento. También el comer los auténticos sobaos (la marca se llama “El macho”…. ahí lo llevas) y los desayunos y comidas de ciertos productos te aproximan a otros aspectos de la zona. Por último, y esto debe ser cosa de presidentes, aproveché para beber agua de Corconte y Solares, o Solares y Corconte (porque parece ser que hay que beber de las dos si te quieres identificar con los lugareños). 
Endefinitiva. Mucho movimiento, muchos kilómetros, mucho cansancio, pero fue una visita inolvidable. Como siempre han sido.
Escrito por tizaytribuna
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La cabra tira al monte. Y por ello no puedo evitar callarme y hacer preguntas a los ponentes (decepcionantes los periodistas, salvo Miguel Ángel Villena, pacatos los políticos centrados en sus poses, brillante Francesc Solé Parrellada). Las preguntas de siempre, con las respuestas de siempre (o las evasivas de siempre). Eterno retorno, decepciona comprobar cómo seguimos hablando de lo mismo que hace 9 años, solo ha cambiado que somos más viejos.



