Por fin con novedades. Fito nunca deja indiferente. Os dejo con la canción que, por el momento,más me está gustando de su nuevo trabajo. Seguro que os gusta.
Por fin con novedades. Fito nunca deja indiferente. Os dejo con la canción que, por el momento,más me está gustando de su nuevo trabajo. Seguro que os gusta.
Hacía muchísimos años que no acudía a un estadio de futbol. En realidad, soy muy poquito futbolero (se lo debo al anterior presidente del Atleti que con su actitud me abrió los ojos ante este mercadeo-espectáculo) y básicamente utilizo el tema para dos cosas: socializarme con los clientes del bar, y para poder intervenir en los enfrentamientos dialécticos entre seguidores del Madrid y del Barca de tal forma que me pueda cachondear un ratín de ambos (siempre hay gente que se toma muy en serio eso de ver a 22 jóvenes en calzoncillos largos en un campo de futbol). Pero quizá el verdadero motivo que me hizo ser del Atletico de Madrid fue su eterna capacidad de sufrimiento (para quienes no lo seasis, os digo que es lo más parecido a seguir a la Selección antes de que fuese campeona de Europa) y eterna moral. Vamos, como unos quijotes a rayas rojiblancas. Y con ese aspecto sí que me identifico plenamente.
Bueno, pues el caso es que tanía pendiente una visita al Vicente Calderón, y dado que empezaba ya el curso académico, me decidí a cumplir con mi compromiso. Si algo te puede llegar a motivar a acudir a este estadio es ver cómo cada individuo, cada persona que se ha armado con su panoplia colchonera de bufanda, camiseta y demás objetos, es siempre un potencial entrenador. Eso y la energía desplegada por el Frente Atleti en sus cánticos. La grada se llena de comentarios de todo tipo: de jugadores, de jugadas, de plantillas, del árbitro, de las autoridades del club, del precio de los refrescos…..todo es objeto de comentario y exaltación, crítica y chanza. Eso sí, en un clima tan pacífico con el rival que me permitió ver el partido al lado de varios niños que llevaban alegremente sus gorras y bufandas del Racing de Santander, especialmente alegres cuando consiguieron empatar.
De futbol poco tengo que decir de ese partido. Fue un auténtico aburrimiento (solo amenizado por los comentarios de las gradas), y me hizo entrever que esta temporada mi equipo lo va a pasar muy muy muy mal en términos futbolísticos. También reflexioné sobre qué habría pasado si los 80 euros de las entradas los hubiese empleado en irnos a cenar, o en otra cosa. Pero bueno, lo importante es cumplir con los temas pendientes.
Tu trabajo te puede gustar más o menos, pero en el fondo no deja de ser eso, un trabajo. Ya he dejado claro que me considero un privilegiado por trabajar en lo que me gusta, pero hoy entraré en los aspectos puramente laborales de mi actividad. Realmente las condiciones laborales de los profesores (tanto en la pública como en la concertada, otro cantar es la privada) son bastante envidiables por el común de los mortales, ya sea en horas de trabajo presencial, vacaciones, sueldo, y otras muchas cosas que no entraré en detalle. Hasta ahí todo genial, el problema viene cuando sabes que todo eso tiene fecha de caducidad.
Por suerte aquí no me han querido tomar el pelo, y desde un comienzo avisaron que los contratos son por un año con posibilidad de prorrogarlos a otro. Pero ahí se acaba todo: o te hacen de la cooperativa (algo que tiene muchas ventajas, pero también inconvenientes) o vas a la cola del INEM. Este pasado curso he visto por mis compañeros las dos caras de lo que os comento. Por un lado a Raquel y Ana las propusieron para que se integrasen al proyecto de cooperativa (al cual accedieron, y tras pago de una cantidad ciertamente modesta, se han garantizado trabajar para toda su vida, salvo cambios radicales e improbables en las administración educativa), y con ello podemos decir que, una vez asegurada su estabilidad laboral, pueden plantear nuevos planes y proyectos de futuro.
La otra cara de la moneda han sido Laura y Pablo, quienes agotaron sus dos años de contrato en prácticas y a quienes para el Centro no resulta ya rentable contratar por cuestiones de subvenciones y de reparto de horas lectivas. Incluso esta situación para ambos en este momento tiene ciertas ventajas, ya que es año de oposicones y poder estudiarlas mientras se cobra un buen dinero del paro proporciona cierta seguridad (contando con que se aprueben).
Y ahora me toca a mi. Este año continuo, y en cierta medida te da seguridad saberlo. En todo lo que he hecho siempre he tratado de implicarme al máximo, pero saber que en este caso no te asegura nada, genera cierta inestabilidad. Y creo que esta va a ser la tensión del 2009-2010: saber que tengo que dosificar mis esfuerzos en prepararme unas oposiciones al tiempo que cada día llevas a cabo una actividad en la cual disfrutas al máximo. Sinceramente, tener al profesorado en situaciones inestables (no sólo en mi caso, hablo también por los cientos de interinos que hay sin saber dónde estarán el próximo curso) no ayuda a que saques lo mejor de tí. Pendiente de fechas, de convocatorias, de plazos, de documentos a entregar, de temarios, de normativas…..todo ello te desvía de tu objetivo, y creo que al final también el alumno se resiente de esta inestabilidad. ¿El desenlace?, pues en junio lo veremos.
Cuando las cosas son tan claras, no merece la pena complicarse mucho la vida. Así que hay que seguir mirando hacia adelante. Y mientras, que me quiten lo bailado.
Los planes son todo aquello que nos gustaría hacer mientras la vida sigue su propio plan. Esto me viene a la memoria porque estas vacaciones en un principio había pensado ir de ruta por Portugal…..y he terminado en el corazón de Europa.
Es cierto que me apetecía muchísimo visitarla, y los comentarios que había escuchado elogiándola ayudaron a cambiar los planes. Así, guía en mano, itinerarios seleccionados y hotel céntrico (muy cerquita del famoso puente de Carlos IV) nos dipusimos a patearnos la ciudad seis días como solemos hacerlo: sin pausa pero disfrutando.

En realidad Praga, el centro histórico de la ciudad (ni decir tiene que no visité los nuevos barrios, aunque también tenían cosas interesantes), son en origen 4 ciudades autónomas entre sí. La mitad de los días los dediqué a la zona del Castillo (Hradcany) y la Ciudad Pequeña (Malá Strana) que ambas estan separadas de las otras dos zonas por el Río Moldava. En lo alto de una colina se eleva el Castillo de la Corona de Bohemia, con su catedral gótica (terminada el siglo pasado) dedicada a San Vito, el Callejón de Oro con muestras de las casas de los artesanos que vivían en el palacio, y la imponente sala del Viejo palacio Real donde se llegaba a celebrar torneos a caballo. También es el lugar donde los enojados nobles protestantes arrojaron por la ventana a los concejales católicos del Emperador (se conoce como la segunda defenestración de Praga) dando lugar al comienzo de la Guerra de los 30 años entre 1618 y 1648.

Sala de Palacio Antiguo

Esgrafiado del Palacio Schwarzenberg
En esta zona encontramos inmensos palacios reconvertidos en museos (caso del Palacio renacentista Schwarzenbersky con su colección de arte barroco y su fachada esgrafiada, el Palacio Stermbersky con sus pinturas europeas, o el imponente palacio Cerninsky que arruinó a su creador) así como iglesias tan curiosas como la de Loreta con su reproducción de la casa de la familia de Jesús y sus numerosísimas campanas. Parece que estas paseando por un decorado de una película de época.

Vistas de la zona del Castillo y la Catedral de San Vito
En Malá Strana, que es donde estaba el hotel, destacan el inmenso palacio de Wallenstein que fue general de las tropas Imperiales durante la guerra de los 30 años (aunque fue asesinado porque podía pasarse al otro bando y confiscadas sus propiedades) con sus enormes jardines y frescos italianos. Como iglesias, en las cuales se celebran conciertos todos los días, destacar la iglesia de Nuestar Señora de la Victoria (consagrada a la victoria española en Montaña Blanca) que alberga una famosísima imagen del niño Jesús, y la Iglesia de san Nicolas. En esta zona también visitamos (o mejor, nos perdimos por ellos) los jardines de Petrin con su “imitación” de la Torre Effiel y los muros de la antigua fortaleza del periodo moderno. También visité el muro de John Lennon, punto de encuentro de estudiantes revoltosos contra las autoridades. Como punto de unión con la otra orilla, aparecen como dos vigías dos torres de origen gótico que dan un aspecto imponente a los que cruzan el precioso puente de Carlos IV.
Ya en la otra orilla, y también recibidos por otra torre, nos encontramos lo que se conoce como Stare Mestro (o ciudad vieja) que era la antigua ciudad burguesa y tenía el barrio judío, y el Nové Mestro o ciudad nueva, la zona de los pequeños comerciantes y menesterosos. Me resulta imposible comentar todas las cosas que visitamos en estos sitios, pero sí quiero destacar al menos tres de ellas:
el barrio judio o de Josefov con sus múltiples sinagogas (cinco) que se salvó de la destrucción por una curiosa iniciativa judia propuesta a los nazis durante la ocupación. De ella, es impresionante ver el cementerio judio (alberga tumbas desde el S.XV hasta el XVIII, de tal forma que se superponen unas con otras).

Otro lugar inolvidable es la Plaza de la Ciudad Vieja con un reloj mecánico tan fabuloso que a los concejales que lo encargaron se les ocurrió cegar al relojero para que no fabricase otro igual. En ella el monumento al reformador Juan Hus (quemado en la hoguera) recuerda el intento reformador de la Iglesia producido en Bohemia a comienzos del S.XV y que tanto hizo por dar fama de herejes a los habitantes de esta región. La Iglesia Tyn, que con sus torres parece una Disneyworld con sentido real, y el claustro de Santa Inés con una impresionate muestra de arte gótico son algunos ejemplos a destacar. Pero de verdad, que es imposible comentar todo lo bello que ví por sus calles, plagadas de buen gusto.
En la Ciudad Nueva puedo destacar el largo paseo que dimos por la orilla del Moldava hasta la antigua fortaleza de Vysenrad, sede de la medieval dinastía Real de los Jagellones bohemidos. Merece la pena visitar también la plaza de San Wescelao (lugar de encuentro de la población en momentos cruciales de su historia moderna como la revolución de terciopelo contra la URSS). Sin embargo, la visita al Museo Nacional y al Museo de Mucha en esta zona son totalmente precindibles (este último fue muy decepcionante, especialmente después de haber visitado la grandiosa expoción de Art Noveau de la Caixa).

Y una grata sorpresa es el Museo de la Ciudad de Praga, con una magnífica maqueta de la ciudad histórica y una magnífica exposicion de la historia de la ciudad. también destacar las muestras de arquitectura cubista de la zona.
Por el resto, deciros que nunca he tropezado mas veces en mi vida que en esta ciudad por culpa de estar siempre con la vista elevada admirando lo que me rodeaba. Si a este entorno tan agradable, le unimos el buen tiempo, un nivel de vida un poco mas bajo que en España (escandaloso el precio de la cerveza, mas barata que el agua) y una agradable compañía, puedo decir que ha sido un viaje maravilloso que os recomiendo. Realmente Kafka mereció nacer en esta ciudad.
