Este curso tengo la noticia de que soy padre. O así me lo quisieron resumir cuando pregunté en qué consitía eso de ser tutor de un curso. -Es lo mismo que ser el padre de 25 alumnos- me dijeron. Y la verdad es que no le dí demasiada importancia al tema ya que, a fin de cuentas, era una hora que me iban a pagar como si impartiese clase. Y recordaba cómo en las horas de tutoría de mis años escolares no haciamos gran cosa (por lo que deduje que tampoco se haría gran cosa por parte del profesor).
Un error pensar así. Ser tutor implica muchas cosas que no son manifiestas a simple vista. Por un lado eres el profesor de referencia de 25 personas que te ven como su posible respuesta, su solución a ciertos problemas que tienen (o creen tener) al haber entrado en una etapa nueva como la Secundaria. Pero no solo eso, también los padres y tutores legales de esas mismas personas te consideran el referente que les ayude a saber qué deben hacer con sus hijos/as para que puedan aprobar el curso y se conviertan, en un futuro, en lo que ellos soñaron que iban a haber sido de jóvenes. Y en otra vuelta más de tuerca, eres el referente de los profesores que imparten en tu curso para indicarte los mil problemas que les ocurren con algunos de mis chicos (que si este no me trabaja, que si este es muy hablador…..). Y por último, eres el responsable ante la dirección del Centro de los datos, estadísticas e impresos pertinentes para informar sobre qué las características del curso.
Pero no solo es cuestión de ser el centro de atención de tanta gente. Y mucho menos el número de horas extras no pagadas que dedicas a hacer gestiones que son imposibles de hacer en la hora de tutoría (ya que estas en clase con los chicos intentando trabajar aspectos como los hábitos de estudio, los horarios, la importancia de la participación, la creación de grupos e integración en el curso…) como son cumplimentar los dichosos e interminables impresos, recoger el dinero del material escolar y las mil autorizaciones familiares para actividades, las llamadas telefónicas a las madres (generalmente son ellas las que están más implicadas en la educación de sus hijos) para darles generalmente malas noticias y convocarlas a reuniones o para que te informen de la salud de su hijo (histerias de la Gripe A), las conversaciones fuera de tu horario laboral con todo aquel (alumno, padre, profe, administrador y persona que corresponda) que se interese por cómo va el curso y qué puede hacer…
Realmente lo peor de esto es el grado de implicación que adquieres. Entras a conocer y a implicarte en la vida de mucha gente de la cual sabes que no vas a tener contacto ya que este es tu último curso en el centro. Conversaciones con los chicos que te sugieren problemas en casa (desde familiares a problemas de salud, hasta posibles malos tratos), que te hacen ver que hay muchas familias que se están partiendo el pecho para que sus hijos puedan ser algo el día de mañana, que en ese afán por darles los mejor a veces se olvidan de sus propios hijos sencillamente porque no tienen tiempo material de estar con ellos (me pasa mucho con inmigrantes con jornadas de trabajo atroces y muchas veces de asistentas internas que pasan casi la semana entera sin ver a sus retoños), de familias divorciadas y separadas en las que los chicos sufren sin ser capaces de verbalizar esos sentimientos, de madres que reconocen desconocer a sus hijos recien reagrupados en España tras estar ellas aquí trabajando durante 5 o 6 años, de padres que se han quedado en el paro y justifican sus problemas de juego o alcohol en su mala suerte…..
Y ante esto, no te puedes esconder. No puedes cerrar la mochila y llegar a casa como si vinieses de una oficina o una fábrica. No es sólo ser padre, es ser confidente, amigo, psicólogo, consejero, administrativo, referente, maestro, hermano mayor….es ser tutor. A veces creo que es una lástima que no sepa inmunizarme de mi trabajo y me tome las cosas tan en serio.
Octubre 15, 2009 a las 8:53 am |
Muy bonita tu crónica. Aunque debo reconocerte que al principiome asustaste. Eso de “tormarse las cosas tan en serio” me suena de algo… Sigo pensando que aún estás en la etapa romántica de la enseñanza. Por cierto, espero que no te conviertas en “psicólogo” y hagas terapa ni en “coleguita”, sino en profesor y tutor-orientador. Es tan compleja esa tarea. Supongo que los conocimientos psico-pedagógicos, sociológicos y didácticos específicos del CAP y los de historia de China del nuevo MFP serán suficientes para afrontar esta tarea tan baladí. Por cierto, lo de “maestro” me parece ya una palabra mayor.
Un abrazo,
JLP
Octubre 16, 2009 a las 5:03 pm |
¿Románntico o gilipollas? Empiezo a pensar que tienen cierto grado de sinonimia ambos conceptos….pero en fin. c´est la vie. En serio, se hace complicado coger distancia para ver el bosque aunque desde luego que tengo presente que mi función debe ser orientar. ¿De dónde saco esos conocimientos? Del gabinete de orientación, de la experiencia de otros profesores y tutores, de mi propia experiencia (pasada y no tan pasada) y de la barra del bar (ya lo sé, no me regañes, no suena muy académico). Y maestro va porque así son los profesores de primaria, que estan hasta para limpiar los mocos a los crios.
Un abrazo y a ver si avanzas con la tesis (en la misma medida lo intentaré yo con las opos).